lunes, 10 de noviembre de 2008

Que trata de cómo un chirigua se convirtió en chimpancé

La década de los 60 avanzaba vertiginosamente y yo seguía creciendo al ritmo de la música de la nueva ola, recuerdo con nitidez el sonido inconfundible de Los Ramblers, Los Bric a Brac, Cecilia, Luz Eliana y por supuesto mi gran favorita Gloria Benavides y sus canciones La Gotita, Las películas tristes, etc. que hicieron de mi infancia una época inolvidable. Seguramente tarareando estas canciones la familia se trasladó a la Población Caupolicán; una pequeña población ubicada entre las calles San Martín por el norte, Buen Pastor por el sur, Av. Manso de Velasco por el oriente y Chacabuco por el poniente, ocupamos la casa N°99 del pasaje Orella. Allí hicimos grandes amigos como los Toledo, los Vilches, los Ramírez, etc.
Debido a mi contextura pequeña y delgada se me apodó Chirigua (Chirihue) como la avecilla pequeña de plumaje amarillo que aun podemos ver de vez en cuando en los jardines y arboles de la ciudad. Puedo decir que a estas alturas de la vida me mantengo igualito, claro que con el plumaje más arrugado y con tonos blancos en algunos sectores.
La actividad familiar se centraba en jugar en un gran potrero que estaba justo en frente de nuestra casa, donde hoy se ubica el Hospital Base de Curicó y visitar constantemente la Plaza de Armas junto a nuestros padres, paseo obligado los fines de semana, allí estaba nuestro centro de recreación, gran espacio para correr, piletas con agua, árboles por doquier, la banda dominguera, los vendedores de golosinas........y, los faroles, todo un parque de diversión gratis para nosotros.
En una de estas visitas a este verdadero jardín de edén, jugando como tantas veces al pillo con mis hermanas y hermanos, corrí, corrí, corrí, escapando de mis perseguidores, mirando hacia atrás de vez en vez para ver cuan cerca estaban de mí, en una de esas al volver la vista al frente ya estaba demasiado cerca el poste de uno de los tantos faroles que iluminan esta hermosa plaza.
Entre las fobias que llevo a cuestas están el temor a las arañas y a los clavos en maderas botadas en diferentes lugares, siempre he dicho que los clavos al igual que las telarañas, están ahí, siempre están ahí.....esperando, la tela a la mosca y el clavo al pie descuidado que lo pise, esa es su función, no tienen otra, sólo esperar como un paciente cazador. Los postes, de igual manera, simplemente están ahí esperando que un niño termine incrustando su anatomía en él; pues ese día fue mi día, terminé pegado al poste cual niño abraza a su madre en un cariñoso y desesperado abrazo del oso. No tengo recuerdos posteriores inmediatos al accidente, sólo recuerdo el chichón en la frente y que la trompa se me hinchó a tal punto que el chirigua dejó de existir para convertirse en un chimpancé.
Han pasado muchos años desde esa terrible experiencia, pero a veces en mis sueños puedo ver a un niño que sale del dormitorio sollozando hacia el comedor, se acerca a la mesa cuya cubierta le queda a la altura de la trompa y, con lágrimas deslizándose suavemente sobre sus mejillas le dice a su madre: "Mamá, mamá, los chiquillos me están dichendo chimpanché", su madre cariñosamente lo toma en sus brazos y lo consuela diciendo "no les haga caso mi niñito, quiere un platanito?"