Corría la década del 60 (utas que estoy viejo!), en las emisoras se escuchaban incesantemente las canciones que hoy son clásicos del grupo de artistas llamado "La Nueva Ola Chilena" (grandes artistas y grandes canciones), vivíamos para ese entonces en una gran casa de esas antiguas con grandes corredores prácticamente en la parte central de la ciudad. En frente nuestro había una peluquería donde lógicamente nos martirizaban de mes en mes con unos cortes que ni en la dictadura, mi padre se hizo cliente rápidamente de este salón (de torturas para nosotros), no sé cual es el nombre del peluquero, seguro mi padre tampoco lo sabe pero para nosotros era "El Peluca". El Peluca tenía hijos de edades similares a las nuestras, eran más bien bajos para la edad y resulta curioso que se les conociera a los varones con el apodo de "Tachuelas", sería porque eran bajitos y de cabeza grande? siempre me intrigó el apodo.Como es natural pensar, entre nosotros y los hijos del Peluca nació una gran amistad, ambas casas eran nuestra casa y visitabamos por igual ambas casas compartiendo nuestros juegos propios de la edad y de la época.
En una ocasión el mayor de los Tachuelas al ir a visitarnos vió en medio del patio una pelota, para los ojos de un niño, infladita, reluciente, como recién salida de fábrica, desde la entrada hasta donde estaba la pelota habían fácilmente entre 0 y 100 metros (era grande la casita), sus ojos se abrieron cual platos, su corazón se agitó, preparó su mejor golpe, se agazapó cual depredador dispuesto para la caza, respiró profundo y corrió.... (ahora mirando en retrospectiva creo que se sintió como los ídolos de la gloriosa selección de fútbol del mundial del 62 y a mi me parece ver corriendo a Leonel Sanchez o a Jorge Toro grandes jugadores o como el poderoso Mortero Aravena del fútbol más actualizado), en su veloz carrera su mente seguramente imaginaba la pelota ubicada en el ángulo imposible para los arqueros, donde las arañas tejen su tela, y a todo el público vitoreando su nombre y celebrando su gol. Antes de golpear el balón hubo un silencio sepulcral, todos los que observabamos esperabamos el desenlace de esta acción.....luego del silencio sólo se escuchó un grito desgarrador del Tachuela junto con el estallido de las risas contenidas de los presentes.
El Tachuela había golpeado una gran bola de acero (similar a las que usan los lanzadores de la bala, probablemente era una bala de cañón) salida de no sé donde y que estaba en el patio de la casa, los dedos le quedaron a la altura del talón, cuentan que tardo muuuucho tiempo en que le volvieran a asomar uñas en sus dedos pequeños, pero además cuenta la leyenda que en su dedo gordo nunca más se le volvio a juntar mugre bajo la uña.
Nota: Quiero excusarme porque no puedo referirme en esta ocasión a las condiciones en que quedó el que cabeceó la bola.
